Hace cosa de tres semanas, concluí un curso subvencionado por la Junta de Andalucía de Inglés: Atención al público en Alhaurín el Grande y comencé las prácticas en un vivero del mismo pueblo. Mi horario es de 9:00 a 14:00 y las horas transcurren con una lentitud exagerada. Mi labor allí es atender a los clientes (lógico), pero claro, ellos no van a levantarse temprano para ir allí a comprar unas flores. Prefieren desayunar tranquilamente y pasarse sobre las 11:30 (cómo haría yo en su lugar), así que... ¿qué es lo que hago allí mientras no haya nadie a quien atender?. Nada hasta hace poco, pero mi hermana, que también ha hecho el mismo curso, se entretiene haciendo pequeñas manualidades con trozos de cartón sobrantes de las cajas que se utilizan para meter las flores. Hace unas pequeñas muñecas que imitan a las chicas que estamos trabajando allí, y tengo que admitir que tiene buena mano para eso.
Ahora no nos aburrimos tanto porque nos ponemos a limpiar las estanterías y a ayudar a nuestras compañeras aunque no es nuestro trabajo, pero es la única forma de evitar que las horas se nos hagan eternas.
Hoy paró de funcionar su pequeño corazón. Desde hace unos días se la veía apagada, sin ganas de luchar por la comida. Pero creía que se debía simplemente a que no tenía apetito. Cuando fui a cambiarle el agua para que la tuviera limpia, no se agitaba cuando la cogí con los dedos, no huía de mí, sólo se movía a favor de la gravedad. Hoy, día 22 de mayo del 2007, el corazoncito de Guita dejó de funcionar.